En mi algoritmo de Youtube comenzaron a aparecer videos de gente que lanzan un imán al agua turbia de canales, ríos olvidados o puertos industriales y así, buscan tesoros. Arrastran la cuerda hasta que se tensa: el imán ha encontrado algo. Empiezan a tirar despacio, como quien despierta a un durmiente muy antiguo. Y del fondo negro emerge una bicicleta comida por el tiempo, una caja fuerte cerrada desde hace décadas, un casco militar, un manojo de llaves que nadie recuerda haber perdido, a veces una pistola que ya no dispara pero que aún conserva toda su amenaza oxidada… o una simple tostadora, panza arriba, con su cable enroscado como una serpiente muerta.
Al principio creí que sólo miraba por la fascinación del tesoro inesperado. Pero cuanto más observo, más evidente se vuelve que estos hombres y mujeres silenciosos, de pie en la orilla bajo cielos grises del norte de Europa, están realizando, sin saberlo, un ritual perfecto de Plutón en Escorpio.
No buscan oro. Buscan lo que fue deliberadamente (o no) arrojado al agua para que desapareciera de la vergüenza, el miedo, la culpa… o simplemente porque ya no servía, porque era feo, porque estorbaba, porque un día alguien se hartó de verlo en la cocina y lo tiró al canal con rabia o con indiferencia.
Y lo hacen en aguas que suelen estar cargadas de siglos de venenos urbanos: metales pesados, aceites, químicos que nadie quiso nombrar. Se atreven a meter las manos (y el alma) en lo tóxico sin guantes mágicos, solo con un imán y una decisión callada.
El imán no juzga. Atrae lo metálico, lo denso, lo que quedó magnetizado por la fuerza de una emoción extrema. Y al hacerlo revela la ley profunda de Plutón en Escorpio: nada de lo que ha sido vivido con intensidad absoluta puede perderse realmente; sólo puede hundirse, esperar, oxidarse, hasta que una polaridad mayor, nacida del mismo núcleo, vuelva a reclamarlo.
Por eso estos buscadores modernos son maestros plutonianos que nos enseñan lo que hay que hacer para desenterrar lo que hemos olvidado pero que aún tiene espacio allá, en el fondo de nuestros abismos. Con su cuerda y su imán de neodimio están mostrando, sin palabras, lo que la transformación plutoniana requiere: la intención de ir al fondo de aguas turbias y tóxicas para saber qué se puede encontrar.
A veces lo que se encuentra da miedo: una caja de balas herméticamente escondidas. A veces da alegría: una moneda de oro de un barco español pirata. A veces es solo una tostadora.
Pero siempre, siempre, limpian. Lo que no sirve lo llevan a la basura y llaman a la municipalidad para que se lo lleve. Y cuando el imán trae, por sorpresa, un cangrejo, una langosta de río o un pez que aún respira entre el lodo, lo miran un segundo, lo saludan casi con reverencia y lo devuelven al agua con cuidado.
Esa es la cara más hermosa del ritual: en medio de lo tóxico y lo podrido, reconocen la vida y dejan que siga su camino.
Esto es Plutón en Escorpio enseñando lo que es ser “plutoniano”. A Plutón lo tenemos todos, así que podemos aprender de los magnet fishers a tirar el imán en esas aguas barrosas y turbias, para ver qué sale de ahí.
(El vídeo está en inglés, pero YouTube ofrece subtítulos automáticos excelentes. Haz clic en la ruedita ⚙️, selecciona «Subtítulos/CC» y luego «Español (generado automáticamente)». La traducción es más que suficiente para sentir la respiración del ritual.)
¿Te animas a lanzar tu propio imán hoy? El agua está quieta y guarda exactamente los secretos que estás listo para recordar… si tienes ganas.
Tres preguntas plutonianas para hacer mientras miras tu propio “fondo”:
- ¿Qué objeto absurdamente cotidiano tiraste simbólicamente al agua para no volver a verlo nunca?
- ¿Qué tostadora oxidada sigues cargando porque te da vergüenza reconocer que alguna vez la usaste?
- Si tuvieras que devolverle la vida a un solo cangrejo de tu pasado… ¿a cuál elegirías?
YouTube → @PaulaLustembergAstrología
Instagram → @paulalustemberg
Substack → Astrología Salvaje
