La trama
En un pueblo donde nadie nunca se ensucia, vivía una Virgen que tenía una obsesión: que todo estuviera impecable. No por vanidad. Por supervivencia.
Desde niña había aprendido que si algo quedaba fuera de lugar (una mota de polvo, una palabra mal dicha, un deseo demasiado crudo), el mundo entero se desmoronaba. Así que limpiaba. Limpiaba el altar, limpiaba los cuerpos, limpiaba los secretos, limpiaba hasta los pensamientos ajenos.
Pero en lo más profundo de su cuarto prohibido guardaba un frasco de cristal con sangre propia. Sangre de la primera vez que deseó algo sucio, algo imperfecto, algo que no se podía limpiar. Cada noche abría el frasco, lo miraba y lo volvía a cerrar con manos temblorosas.
Un día el pueblo entero se enteró del frasco. La señalaron. La juzgaron. La exiliaron por “impura”.
Y entonces Lilith en Virgo hizo lo único que podía hacer una virgen que ya no era virgen: se arrodilló en el centro del pueblo, abrió el frasco y limpió la sangre con sus propias manos, lentamente, perfectamente, sin dejar una sola gota. Y cuando terminó, el suelo quedó más limpio que nunca.
Desde entonces nadie volvió a hablar de pureza en ese pueblo. Porque todos entendieron que la verdadera impureza es creer que algo puede limpiarse sin ensuciarse uno mismo.
Mantra de Lilith en Virgo
“Limpiar es mi forma de amar. Y amar siempre deja sangre en las manos.”
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