(Secuencia: ASCENSOR. Noche. Un espacio claustrofóbico de acero y espejo deslustrado. ESCORPIO, de espaldas, mira el tablero numérico que no se mueve. La puerta se abre. SAGITARIO entra, vibrando con una energía distinta, como si llegara de una fiesta. La puerta se cierra. Silencio.)
SAGITARIO
(Exhalando, como aliviado de estar en un espacio cerrado)
Creí que tendría que subir las veinte plantas. El universo provee.
(ESCORPIO no se vuelve. Sigue mirando el tablero, donde la luz parpadea en el «10».)
SAGITARIO
(Mirando su reflejo en el metal, ajustándose una chaqueta de cuero)
¿Atascado? Parece una metáfora de algo. De la burocracia, del alma, de… no sé. De algo.
ESCORPIO
(Sin volverse. Voz baja, plana).
La única metáfora es una caja de metal suspendida entre pisos. Lo demás es ruido.
SAGITARIO
(Una sonrisa amplia, sincera).
¡Justo! Ruido. Yo adoro el ruido. Significa que algo está ocurriendo. Aquí solo ocurre… el zumbido de la luz. (Señala el fluorescente). Un sonido para enloquecer.
(Pausa. El zumbido se hace audible, agudo, penetrante.)
ESCORPIO
(Por primera vez, baja la mirada del tablero, pero no hacia Sagitario. Hacia la junta del suelo).
Tú necesitas que algo ocurra. Yo necesito saber qué ya ocurrió.
SAGITARIO
(La sonrisa se congela un segundo. Lo mira de verdad por primera vez).
Eso suena a una prisión. Buscar solo en lo pasado.
ESCORPIO
(Suavemente, casi para sí mismo).
No es buscar. Es desenterrar. Hasta encontrar la raíz. Hasta que duela. Hasta que la verdad sea imposible de ignorar.
(Luego, gira la cabeza lentamente y lo mira por el reflejo en el metal, no directamente).
Tu filosofía es una flecha. Disparada hacia un horizonte que nunca alcanza. Nunca tienes que ver de cerca lo que atraviesa.
SAGITARIO
(La jovialidad se ha esfumado. Su rostro es serio, incómodo).
Prefiero el horizonte a… a esta caja. A este silencio que lo examina todo.
ESCORPIO
(Una esquina de su boca se tensa, no es una sonrisa).
El horizonte es una ilusión. Una promesa que no se cumple. Esta caja… esta caja es real. Como el filo de un cuchillo. No puedes fingir que no estás aquí, en el filo.
(De repente, el ascensor se pone en marcha con un temblor. La luz del número «10» se apaga. Se enciende el «11».)
SAGITARIO
(Exhala, aliviado por el movimiento).
Ya ves. Siempre se sale. Siempre se sigue.
ESCORPIO
(Vuelve a mirar al frente, hacia las puertas cerradas).
Se sale de la caja. No del filo.
(Las puertas se abren en el piso 15. Sagitario sale casi de un salto, sin mirar atrás. Escorpio permanece inmóvil. Las puertas empiezan a cerrarse. Antes de que se sellen, la voz de Escorpio llega, clara y baja:)
ESCORPIO
Tu próxima flecha… mira dónde clavas la anterior.
(Las puertas se cierran. El ascensor, ahora vacío, continúa subiendo. ESCORPIO, solo, observa cómo el número «16» se ilumina. Su expresión no ha cambiado. La cámara se congela en su perfil reflejado en el metal, justo cuando la luz fluorescente parpadea y hace que su imagen desaparezca y reaparezca por una fracción de segundo.)
(CORTE A NEGRO)
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