Si vemos al concepto del antiguo paradigma que, en cierta manera aún lucha por seguir vivo y que tuvo su auge especialmente durante los años 50 del siglo pasado, vemos que el arquetipo masculino ha sido creado a partir del elemento Fuego – el conquistador (Aries), el rey (Leo) y el explorador (Sagitario), y el arquetipo femenino ha sido recreado desde el elemento Agua – la madre (Cancer) , la hetaira (Escorpio) y la santa (Piscis).

El Fuego, junto con el Aire, son elementos que representan la energía masculina mientras que el Agua y la Tierra son elementos receptivos, energía femenina. Es claro que los arquetipos femenino y masculino habían sido establecidos desde un punto de vista unidimensional que, por supuesto, tiene razones políticas, psicológicas y sociales. Estos arquetipos comenzaron a deshacerse en los años 60. A partir de octubre de 1965, fuimos testigos de una rara y poderosa conjunción de Urano y Plutón (que ocurre aproximadamente una vez cada 200 años). Urano abre espacios para lo nuevo, creando disrupciones en el status quo. Trae cambios repentinos y así va reemplazando actitudes obsoletas por otras más innovadoras y constructivas. Plutón nos obliga a transmutar lo que ya no sirve. Trae a la superficie lo que ya no tiene valor y lo destruye. Esta conjunción se produjo en el signo de Virgo. Cuando Plutón está aquí, lo que queda lo transforma en algo útil. Y cuando lo encontramos junto a Urano, produce una fuerte actitud crítica hacia lo establecido. Y esto ocurrió en 1965. El movimiento hippie, los activistas en contra de las guerras del momento, la minifalda, el pelo largo en los hombres… son ejemplos de esta energía.

También en esta época vemos el surgimiento del movimiento de desarrollo personal (Nueva Era o New Age). Podemos decir que fueron los Beatles los que introdujeron a los jóvenes el concepto de los mantras, el viaje al inconsciente y la meditación. En ese entonces, Harrison junto con John Lennon, Paul McCartney y otras celebridades viajaron a la India y se unieron al Maharishi, popularizando el desarrollo personal en Occidente.


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Hoy en día el concepto de que tanto el hombre como la mujer poseen energías masculinas y femeninas es ampliamente aceptado. Esto podemos verlo con claridad en una carta natal, en donde vemos cómo estas energías se distribuyen de formas muy diversas dentro de un individuo, sea del genero que sea e independientemente de sus preferencias sexuales. Pero en ese entonces, esto fue una verdadera revolución. Y así fue como comenzó el desmantelamiento del arquetipo femenino tal como se había conocido hasta entonces. Fue especialmente en los años 50 cuando podemos observar la presión por la que la mujer estaba pasando y que se ve palpable en la moda de entonces. Esta presión fue la antesala a la revolución que vino después. Es como si la mujer ha necesitado convertirse en una muñequita de torta de bodas para que dentro de sí pueda nacer la necesidad de romper con todos los esquemas que regulaban su comportamiento desde centurias. Lo mismo pasó con el hombre, quienes pasaron de la gomina al pelo largo, entre otras cosas.

Y así es como funcionan los procesos de compresión y liberación. Es como el momento en que un pollito sale del huevo. Para poder nacer, el pollito necesita romper la cáscara que lo rodea. En el caso de los paradigmas sociales, la cáscara es invisible y por eso es que necesitamos de la presión (u opresión) en nuestro propio cuerpo y mente para percibir lo que nos limita y así, poder liberarnos de ello.

Los objetos celestes no condicionan nuestro comportamiento, sino más bien reflejan lo que ocurre en la Tierra. Podemos decir que en los 60s, el ser humano estaba listo para salir del viejo molde. La aparición de los hippies, las drogas psicodelicas, el amor libre, los movimientos de igualdad social son reflejos de lo que pasaba por el inconsciente colectivo en ese entonces.

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Podemos agregar que en 1966, Urano hizo un sextil con Neptuno, otra poderosa combinación que presagiaba la necesidad de liberarse de hábitos obsoletos (Urano en Virgo) para promover la transmutación a través del crecimiento espiritual, la creatividad artística y el idealismo (Neptuno en Escorpio). Esto muestra por qué la década de 1960 se recuerda como el ideal romántico de «hagamos el amor, no la guerra». En ese momento, las drogas se usaban generalmente para expandir la conciencia, conectarse con el amor universal y liberar la mente del condicionamiento previo.

Los planetas transpersonales, Urano, Neptuno y Plutón, hablan de movimientos generacionales que crean progreso. Estos cambios ocurren lentamente, pero también categóricamente. Si bien Urano parece crear cambios repentinos, en realidad describe la liberación del espacio para abrir nuevas posibilidades. Pueden percibirse como nuevas realidades, pero de hecho es Plutón quien describe el proceso de transformación. Y esto comienza una vez que los nuevos espacios creados por Urano son integrados por el colectivo a través de la energía de Neptuno. Este es un proceso largo y requiere un trabajo concienzudo que puede durar muchos años. Los cambios reales se pueden ver en las generaciones posteriores, que nacieron en una realidad mucho más ligera y, en consecuencia, pueden desarrollar en libertad las cualidades que sus antecesores han reclamado.


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